Durante mucho tiempo di por hecho que viajar por España en tren era la opción cara. Es lo que se repite: que el coche sale mejor, que el AVE es un lujo, que si vas con alguien más ya no compensa.
Después de seis rutas largas hechas casi enteras en tren, mi conclusión es otra. Sale más barato de lo que la gente cree, pero solo si sabes tres o cuatro cosas que nadie te explica al principio.
Esto es lo que me habría gustado saber antes de comprar mi primer billete.

Por qué acabé eligiendo el tren
La primera vez no fue una decisión, fue una casualidad. No tenía coche disponible y el trayecto era Madrid–Zaragoza. Compré el billete sin pensarlo mucho y llegué en hora y cuarto sin haber tocado un volante.
Lo que me convenció no fue la velocidad. Fue darme cuenta de que el tiempo del tren es tiempo aprovechable. En coche, cuatro horas de trayecto son cuatro horas perdidas. En tren, son cuatro horas en las que puedes leer, trabajar, dormir o simplemente mirar por la ventana.
Cuando empecé a contar así, la comparación cambió por completo.
Hay otra cosa que casi nadie menciona: las estaciones están en el centro de las ciudades. Llegas y ya estás donde quieres estar. Con el coche llegas y empieza el segundo problema, que es aparcar en un casco histórico.
Los tipos de tren y en qué se diferencian de verdad
Esto es lo que más me confundía al principio, así que lo resumo como me habría gustado que me lo resumieran.
Alta velocidad. Los trenes rápidos que unen las ciudades grandes. Son los más caros a precio de taquilla y los que más bajan si compras con antelación. En algunos corredores hay varias compañías compitiendo, y ahí es donde se encuentran los precios buenos.
Media distancia. Más lentos, paran en más sitios, cuestan bastante menos. Para trayectos de dos o tres horas suelen ser la mejor relación entre precio y tiempo.
Regionales y cercanías. Baratísimos, lentos, y a menudo la única forma de llegar a pueblos pequeños. La cobertura es irregular: hay zonas muy bien conectadas y otras donde directamente no llega el tren.
La conclusión práctica: no busques siempre el tren rápido. En trayectos cortos la diferencia de tiempo es de media hora y la de precio puede ser del triple.
Las rutas que más me han gustado
No voy a hacer un ranking, pero hay tres que repetiría sin pensarlo.
El corredor mediterráneo. Toda la costa este, con tramos donde el tren va literalmente pegado al mar. Es lento en algunas partes, y da igual: el trayecto es parte del viaje.
El norte, entre Cantabria y Asturias. Trenes pequeños, verde por la ventana todo el rato, pueblos donde para el tren y suben tres personas. Es la ruta menos eficiente y la más bonita.
El interior de Castilla. Poco espectacular sobre el papel y sorprendentemente agradable. Campo abierto durante horas y ciudades medianas muy bien conectadas entre sí.
Lo que tienen en común: en ninguna de las tres el tren era la opción más rápida. En las tres fue la mejor.
Los errores que cometí al principio
Encadenar trayectos largos sin margen. Los primeros viajes los planifiqué con enlaces de veinte minutos. Un retraso pequeño y se cae toda la cadena. Ahora dejo una hora entre trenes si el segundo es importante.
Facturar mentalmente como en el avión. En el tren el equipaje va contigo y no hay límite estricto, pero eso no significa que sea cómodo. Subir una maleta grande a un portaequipajes alto en un tren que ya va lleno es peor de lo que suena.
No mirar desde qué estación sale. Varias ciudades tienen más de una estación y no siempre están cerca la una de la otra. Perdí un tren por esto y no se lo recomiendo a nadie.
Comprar siempre en la primera web que encontré. Cuando hay competencia en un corredor, comparar cuesta cinco minutos y a veces cambia el precio a la mitad.
Entonces, ¿merece la pena?
Depende de qué tipo de viaje quieras.
Si vas a moverte entre ciudades, sí, sin discusión. Es más cómodo, llegas al centro, y con antelación es competitivo en precio incluso yendo dos personas.
Si vas a recorrer zonas rurales, pueblos pequeños o sitios de costa mal conectados, el tren solo no basta. Ahí lo que funciona es combinar: tren para los tramos largos, y coche de alquiler o autobús para los dos o tres días que necesites moverte por la zona.
Lo que ya no hago es plantearlo como una elección única para todo el viaje. Casi todas mis rutas de los últimos años han sido mixtas, y funcionan mejor así.
Seis viajes después, lo que sigo valorando más no es el precio ni la velocidad. Es llegar sin estar cansada. Eso, en un viaje de una semana, cambia más cosas de las que parece.
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